
Santuario

El santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta de Alcaudete se localiza a las afueras de la población, a medio cuarto de legua en dirección este, en una frondosa zona de huertas junto a un caudaloso manantial de agua al pie de la sierra ahillos.
La antigua ermita
En este mismo paraje, en el mismo contexto de la Reconquista, se sitúa la citada leyenda de la milagrosa aparición de la Virgen de la Fuensanta al soldado cristiano. En relación a este suceso y para conmemorar el milagro, al tiempo que para perpetuarlo en la historia, se levantó una ermita en honor de la Santísima Virgen de la “Fuente Santa” en dicho lugar.
Pocos datos se poseen de esta antigua ermita, pues la destrucción del archivo de la hermandad durante la ocupación francesa y la falta de testimonios fotográficos del edificio, a pesar de haberse mantenido en pie hasta el año 1951, dificultan su datación y nos impiden concretar su estilo.
Sin saber con certeza la fecha de su construcción, debió ser con posterioridad al año de 1408, cuando se produjo la última gran escaramuza con los musulmanes. La inestabilidad bélica de las décadas anteriores, con continuos actos de guerra o razias, desaconsejarían erigir una ermita cristiana extramuros de la población que hubiera sido atacada y, sin duda, arrasada en cualquier momento por los ejércitos musulmanes.
La primera referencia documental a la ermita data del año 1511 cuando, con motivo del Sínodo Diocesano de Jaén, se la cita en un índice de los edificios de culto de las distintas poblaciones de este Antiguo Reino.
También la nombra el obispo Francisco Sarmiento de Mendoza en el informe de la “Visita Ad Limina Apostolorum” de 1589, al enumerar las ermitas de la población de Alcaudete: San Antonio, San Cristóbal, San Marcos, San Roque, Santa Cruz, Santa Catalina, San Sebastián y la Fuensanta.
La persistencia de la ermita a comienzos del siglo XVII está confirmada por el carmelita Fray Gerónimo de los Reyes, quien comenta que en el año 1608, ante una terrible sequía que padecía la comarca, los vecinos de Alcaudete sacaron en rogativa a Jesús Nazareno, llevándolo en procesión a una ermita…
…donde se venera una imagen que apellidan de la Fuensanta, de quien esta villa se ha valido en necesidades de agua y aprietos de peste….
Posteriormente, el presbítero Gaspar Francisco de Castro, al fundar en 1672 una capellanía de misas por el sufragio de su alma, se declaraba ser su mayordomo.
En el siglo XVIII, el 19 de marzo de 1714, Diego de Soto, al otorgar su testamento, nombrándose como santero de la ermita y santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta; y, posteriormente, don Tomás López y Vargas Machuca, geógrafo del rey Carlos III, en su “Diccionario Histórico-Geográfico de España”, iniciado en torno a 1766, también la nombra, comentando su emplazamiento en una ribera de huertas que dista medio cuarto de legua de la población.
A finales del siglo XIX don Antonio Romero Toro, marqués de Romero-Toro, advirtiendo el deplorable estado en que se encontraba la ermita, por carta dirigida el 13 de junio de 1870 al señor obispo de Jaén, se comprometía a repararlo, consolidarlo e incluso ampliarlo, a cambio de disponer en su interior de un banco o escaño privativo perpetuo para sí y su familia.

artístico en la 2ª mitad del siglo XIX.
«Don Antonio de Romero Toro, nacido el 19 de noviembre de 1821, estudió Leyes, ejerciendo de abogado de los Tribunales Nacionales; en 1857 fue elegido diputado a Cortes, siendo posteriormente nombrado senador vitalicio en 1877. Obtuvo las distinciones de maestrante de la Real Caballería de Ronda y comendador de las Reales y Distinguidas Órdenes de Carlos III y de Isabel la católica; desplegó una importante labor de patronazgo artístico en Alcaudete reparando, a sus expensas, la iglesia de Santa María o la ermita de San Roque y, por ejemplo, enriqueciendo los ajuares de las imágenes de la Virgen de la Capilla, del Rosario o de la Fuensanta. Murió en Alcaudete el 13 de febrero de 1892.»
La propuesta fue informada favorablemente por el párroco de Santa María el 7 de julio de 1870, iniciándose las obras, a continuación, con el permiso del prelado.
Ocho años después, el 8 de junio de 1878, de nuevo el citado marqués se dirigía al señor obispo señalando que los trabajos estaban totalmente concluidos, habiéndose mejorado la propuesta inicial.
Queriendo recibir la contraprestación acordada, solicitaba colocar el escaño privativo para su familia en el nuevo coro alto, en uno de los laterales, frente al órgano, bajo una de las nuevas ventanas que se habían abierto. De nuevo, contando con el apoyo de don Antonio Jacinto de la Chica, párroco de Santa María, le fue concedida la pretensión.
En 1880, quedó configurada nuestra ermita con el aspecto con que llegó hasta mediados del pasado siglo XX.
La ermita fue un sencillo edificio de una sola nave con presbiterio rectangular y, adosado a su testero, un camarín para la Virgen de planta cuadrada con acceso mediante una escalera a la derecha de su embocadura.

La nave poseía tres tramos abovedados, bien articulados mediante el resalte de las pilastras perimetrales, disponiéndose en las paredes ligeros rehundimientos, a modo de hornacinas, para distintos altares y, a los pies, un pequeño coro en alto configurado mediante un forjado de madera. Adosada al presbiterio, por el lado derecho, se situaba una sacristía de planta cuadrada. Todo el edificio se cubría con un tejado conformado por una sencilla estructura de palos rollizos de madera
a dos aguas revestida con teja árabe.
La portada principal, situada en el tramo central del lado del Evangelio (izquierdo), era de cantería y estuvo constituida por un simple arco de medio punto con las dovelas de granito, contrastando su color grisáceo con el blanco de cal del muro. En su eje, sobre la cornisa, se emplazaba una pequeña espadaña de ladrillo visto para una sola campana. Adosada a este flanco, a continuación de la portada, se encontraba la vivienda del santero, de dos plantas, con puerta conformada por un simple vano rectangular, flanqueada por dos ventanas con rejas. Por su interior se tenía acceso directo a la ermita. Finalmente, en el lado contrario, existían otras dependencias menores para almacenes y cuadras. El edificio era de modestas dimensiones y sin especial interés artístico, pues no mereció la atención de don Enrique Romero de Torres en 1913 cuando redactaba el “Catálogo Monumental de Jaén”.

De su interior, conocemos que delante del camarín de la Virgen, existía un brocal de pozo tapado con una losa de jaspe negro con una argolla (así descrito en los citados Sinodales de 1511), marcando el lugar donde brotó el manantial de la leyenda que vinculaba el paraje con la milagrosa aparición de la Virgen. La piedra procedía de la cantera de “La Pedrera”.
Por otra parte, la ermita contó con otro altar dedicado a la Virgen de la Aurora, localizado frente a la puerta principal de entrada y que incluyó un retablo de madera dorado y estofado. Dicha imagen, con su retablo, llegaron hacia 1920, procedentes de su ermita localizada en la plaza mayor de la población, tras quedar sin culto y ser vendida. También de allí se trajo un cancel de madera que se colocó tras la puerta de entrada.

En 1945, siendo alcalde del Excmo. Ayuntamiento de Alcaudete don Ricardo Ladrón de Guevara La Fuente, se reurbanizó el paseó existente entre las últimas casas de la población y la ermita, ajardinándose el terreno con nuevas plantas y arbolado y dotándolo de algunas fuentes y estanques. Sería denominado: PARQUE DE NUESTRA SEÑORA DE LA FUENSANTA. A su entrada se dispuso una monumental portada consistente en dos arcos de medio punto, con el extradós mixtilíneo, apoyados en sendos pilares cajeados, flanqueando el camino central pavimentado.
Actual Santuario en el siglo XX
El 11 de marzo de 1951, a las 11:43 horas, se produjo un terrible terremoto con epicentro en Alhama de Granada, cuyos efectos se dejaron sentir en Alcaudete, causando numerosos desperfectos en distintos edificios de la población.
Dos meses después, el 19 de mayo de 1951, hubo un segundo seísmo. En esta ocasión fue a las 16:50 horas y tuvo su epicentro en el propio Alcaudete. El diario Ideal de Granada y ABC de Sevilla recogieron la noticia, comentando que las ondas sísmicas afectaron especialmente a las torres de las iglesias de Santa María la Mayor y del Carmen y a la ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta, cuyas bóvedas se abrieron y hundieron, aunque milagrosamente la imagen de la Virgen no sufrió ningún daño.
Arruinado su templo, la imagen fue trasladada a la iglesia del convento del Carmen, filial de la parroquia de Santa María, donde fue colocada en el camarín de Jesús Nazareno. En este emplazamiento permaneció por espacio de 13 años, el tiempo que se tardó en edificar su nuevo santuario.

Advertida la imposibilidad de reconstruir la vieja ermita, el equipo de gobierno de la cofradía contactó con el arquitecto diocesano Francisco López Rivera, para encargarle el proyecto del nuevo templo.
La nueva ermita la delineó como un edificio de planta de cruz latina con cúpula en el crucero, sobre pechinas y sin tambor, con ventanas labradas directamente en su rosca, y coronada con un espacioso camarín abierto en el presbiterio. Constaría de una sola nave muy esbelta, cubierta con bóveda de cañón rebajado con lunetos, apeada sobre anchos arcos fajones, y con un coro alto a los pies, configurado como un amplio balcón también sobre un arco rebajado. En el lateral derecho, dispuso la sacristía y la casa del santero.

El camarín de la Virgen lo diseñó como un amplio espacio semicircular con bóveda de horno y, para facilitar la entrada y salida de los fieles, con dos accesos laterales a ambos lados del crucero. Los ingresos fueron concretados como dos sencillas puertas rectangulares coronadas por óculos.
El proyecto pretendió aunar detalles constructivos de las tradicionales ermitas rurales de la sierra jiennense, especialmente el camarín en el testero del presbiterio, la nave única y el coro alto a los pies, con el lenguaje sobrio y desornamentado de la arquitectura racionalista de mediados del siglo XX.
La junta de gobierno de la Hermandad inició una campaña para recaudar fondos con los que sufragar las obras. Los donativos no se hicieron esperar: todos los alcaudetense, tanto los residentes en la localidad como los emigrados a otros lugares de España y del extranjero, como gesto de amor y devoción hacia su patrona, fueron aportando numerosas limosnas.
Las obras se iniciaron el 29 de octubre de 1951 en el mismo emplazamiento de la antigua ermita, que fue totalmente demolida, estando al frente de los trabajos, como maestro de obras, Juan Vallejo Peña.
En primer lugar, se abrieron las zanjas de cimentación por el albañil Antonio Torres. Esta actuación se dilató considerablemente en el tiempo pues, en el sector del nuevo camarín, los operarios se encontraron con un caudaloso manantial de agua (el que, según la leyenda, hizo brotar la Virgen en aquel lugar), que impedía fraguar sus cimientos.

El 19 de junio de 1953, se concluyeron los muros perimetrales, labrándose el tejado de la ermita en los meses siguientes.
El 7 de julio se colocaba la veleta de forja sobre el coronamiento de la torre, realizándola Antonio Gómez; mientras que Rafael Tapiada, maestro cantero, se empleó en labrar la cruz de piedra para el vértice de la fachada.
En este estado, las obras quedaron paralizadas, pues la cofradía se quedó sin fondos económicos para poder continuarlas, en espera de ir reuniendo nuevos donativos.


A partir de 1960, se reactivó el proceso constructivo gracias a los olivareros locales, que acordaron aportar 1 céntimo por cada kilo de aceitunas cosechadas. Así, en 1963, quedó completamente concluido el edificio, siendo bendecido por el obispo de la diócesis don Félix Romero Mengíbar.


También, en 1963, el interior del camarín fue decorado con un mural al acrílico realizado por el pintor linarense Francisco Baños Martos.

De esta manera quedó configurado, en sus aspectos básicos, el santuario. No obstante, en los años posteriores, se proyectaron algunas intervenciones menores que, en algunos casos, pudieron llevarse a cabo y en otros no.
El 18 de abril de 1974, la junta de gobierno de la cofradía aprobó el proyecto del pedestal, con planta de cruz griega y alzado consistente en un alto pódium, cuatro pilastras cajeadas en sus frentes y, tras una moldura cóncava, una volada cornisa; todo combinando mármoles rojos, grises y beige/ marrón. Su realización corrió a cargo de la empresa “Mármoles López Navarro” de Granada.
Entre 1977 y 1978 se reformó la sacristía de la ermita, la construcción de un despacho y un pequeño almacén.

Años después, en 1995, el artista local J. Fabian Aguilera pintó dos paneles de azulejos que quedaron emplazados en los rehundidos que flanquean la portada lateral: el de la izquierda con la inscripción SANTUARIO N. S. FUENSANTA y el de la derecha con la imagen de la Virgen.
En 2010 se colocaron las actuales 11 campanas del carrillón de la torre y en 2011 se pavimentó la explanada del costado de la ermita con piedra caliza y adoquines de granito. El proyecto, trazado por el arquitecto municipal Francisco Sierra, incluyó delante de la puerta lateral, una orla con el anagrama de María. Los gastos de la obra corrieron a cargo del Excmo. Ayuntamiento de Alcaudete, siendo alcalde don Valeriano Martín Cano.


Coincidiendo con el 60 aniversario del Santuario en el 2023, se procedió a la instalación de la nueva iluminación del Santuario junto con la remodelación de los jardines. Iluminación inaugurada el 3 de junio del 2023, haciéndola coincidir con el regreso de la Patrona al Santuario al termino de las Fiestas de Primavera de dicho año.




