
Historia
La Virgen de la Fuensanta de Alcaudete es una de las grandes devociones marianas de Andalucía oriental, cuyo culto se remonta a la Baja Edad Media, tras finalizar el proceso de Reconquista de la comarca por las huestes cristianas.
Existen fuentes documentales que acreditan el culto a la Virgen de la Fuensanta en Alcaudete desde el año 1511 cuando, con motivo del Sínodo Diocesano de Jaén, se cita su ermita a las afueras de la población. No obstante, la pérdida de los archivos históricos de la Cofradía durante la ocupación francesa, junto a los desmanes posteriores de la Guerra Civil Española, nos privan de una importantísima documentación para reconstruir la historia de esta imagen y su cofradía.
Sí encontramos referencias a esta advocación a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX, en relación con distintos auxilios o socorros que, mediante su intercesión, recibieron los vecinos de Alcaudete; quienes, a su vez, le profesaron una especial devoción, promoviendo solemnes funciones de culto, sacando la imagen en suntuosas procesiones o mediante la fundación de distintas capellanías de misas para su mayor gloria.
Ciertamente, el santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta de Alcaudete aparece como uno de los lugares más destacados de culto mariano en la provincia de Jaén.
Sin datos precisos sobre el origen de la Cofradía de Nuestra Señora de la Fuensanta de Alcaudete. En 2006 doña Encarnación Sarmiento, señora devota de la Virgen, afirmaba existir en poder de su familia un manuscrito donde se emplazaba su fundación en el año 1521 por los señores Francisco de la Plata, Víctor Torres y Pedro Villena, sin poder verificar la autenticidad del dato.
Refundación de 1857
Las primeras referencias documentales, relativas a una cofradía de Nuestra Señora de la Fuensanta, datan de la 2ª mitad del siglo XIX, cuando surgieron decididos intentos para su refundación. En 1856, en el prólogo de una novena dedicada a la Virgen escrita por Jacinto María Saeta, se indicaba:
…sería de desear que Alcaudete fundara una cofradía a Nuestra Señora para perpetuar la devoción que, desde tiempo inmemorial, le vienen profesando sus naturales.
En 1857, tan sólo un año después, don Eduardo Díaz (junto con los señores Ignacio Hernández-Magdalena, Juan Mateo Ortega y Jesús y Felipe Ruiz) redactaba una propuesta de estatutos, para someterla a debate por una asamblea general de fieles y, siendo aceptada con las sugerencias que se estimasen oportunas, remitirla al obispado de Jaén para su aprobación.
Conservada en el Archivo Diocesano, dicha propuesta se componía de 27 artículos y una adenda final. Contemplaba, en primer lugar, que podrían ser hermanos de la nueva Cofradía cualquier persona católica, siempre que fuera mayor de edad (o menores con la correspondiente licencia de sus padres), solicitando el alta, bien por escrito o de palabra, siendo admitido siempre que al solicitante le conozcan y abonen sus buenos sentimientos, vida y costumbres y fuese avalado por dos hermanos. Su afiliación conllevaría la obligación del pago de 4 reales de vellón como cuota anual, efectivos durante el mes de febrero.
Su máximo órgano de gobierno fue la Asamblea General de Hermanos que se reuniría, de forma ordinaria, el primer domingo del mes de septiembre de cada año, pudiéndolo hacer también, de forma extraordinaria, siempre que se estimase necesario. También se contemplaba, para agilizar la gestión administrativa, el nombramiento de una Junta Directiva que estaría formada por un presidente, un vicepresidente, un secretario, un tesorero y cinco vocales, todos elegidos por la Junta General por un periodo de tres años.
Respecto a los cultos dedicados a la Virgen, señalaba la obligatoriedad, al menos, de dos solemnes fiestas anuales: la primera y principal, el último domingo de abril (como preámbulo para el ciclo de las Flores) y, la segunda, el 15 de agosto, día de la Asunción; ambas celebrándose en su ermita, concluyendo con una procesión por su entorno.
Finalmente, también recogía la asistencia “en el buen morir” a todos sus cofrades, a los que se les administraría los Sacramentos, se acompañaría en su entierro con doce hachas de luz llevadas por sus co-hermanos y se les dedicaría un aniversario de 12 misas de sufragio por el eterno descanso de sus almas.

En la adenda final, se indicaba que esta propuesta sería presentada para su aprobación y debate, por los fieles devotos de la Virgen, en una Asamblea General que se celebraría en la capilla del Santo Cristo de la Veracruz, en la Plaza de la Constitución, actualmente, Plaza 28 de Febrero.
Con esta refundación se pretendió y consiguió reactivar el fervor a la Virgen, que languidecía tras los duros acontecimientos de la Guerra de la Independencia.
Cofradía de «Los Labradores» de 1891
Años después, en 1881, un grupo de labradores devotos de la Fuensanta, posiblemente advirtiendo que, por esos años, ya comenzaba a decaer el fuerte impulso devocional surgido con la refundación de la cofradía de 1857, contando con el apoyo de don Antonio Rodríguez Montero, párroco de la iglesia de Santa María, pidió constituirse en Asociación piadosa bajo esta advocación, redactándose para su régimen de gobierno un reglamento que contenía que su principal objetivo y finalidad era
…promover más y más, en esta localidad, el culto a nuestra amada patrona.
La vinculación de la Virgen con los agricultores alcaudetenses, arrancaba de un prodigioso milagro recogido por el cronista local Antonio Rivas Morales, dando así inicio más tarde a la romería de «La Velada»:
Un día 14 de agosto una terrible tormenta, con gran aparato eléctrico y granizo, asoló los campos de la villa de Alcaudete. Los hortelanos, ante el temor de perder sus cosechas –las frutas y hortalizas que tenían a punto de recoger-, pasaron toda la noche en vela pidiendo a la Virgen de la Fuensanta su protección. Pronto se obró el milagro, cesó el temido pedrisco transformado en una fina lluvia regeneradora. A la mañana del día siguiente, la santera se levantó de madrugada para arreglar la ermita, ya que al ser 15 de agosto -festividad de la Asunción- seguramente irían muchos fieles a visitar a la Virgen. Su sorpresa fue mayúscula al ver que la imagen tenía mojado el manto y, examinándolo más detenidamente, advirtió que sus bajos estaban manchados de barro. Perpleja, salió del camarín en busca de su marido a quien contó el extraño suceso.
Escuchada la narración por un matrimonio que acababa de llegar al santuario, cayeron de rodillas al suelo rezando con grandes lágrimas. Preguntado que les pasaba, respondieron que por la noche les pareció haber visto a la Virgen de la Fuensanta andar por las huertas protegiendo con su manto los cultivos. Pensando que era una ilusión, se acostaron atemorizados sin poderlo creer, pero ahora que los escuchaban, podían confirmar el milagro y daban gracias a la Virgen.
Inmediatamente, el santero salió a la calle y comenzó a tocar la campana de la ermita, a cuyo sonido se fueron congregando otros agricultores del entorno que confirmaron el suceso: La Santísima Virgen de la Fuensanta había salido aquella noche de su camarín para proteger las huertas de sus fieles devotos.
La aprobación de esta Asociación se tradujo de inmediato en un considerable aumento del número de hermanos.
El 5 de julio de 1891, don Antonio Ruiz García y don Manuel Ávalos Melero, presidente y secretario respectivamente de la Junta Directiva de dicha Asociación, se dirigieron al obispo de Jaén, don Manuel María León González y Sánchez, solicitándole la aprobación de unos estatutos para alcanzar la condición de cofradía con erección canónica lo que, su señoría Ilustrísima, se dignó conceder para alegría y gozo de todos sus miembros.
Estatutos fechados el 1 de julio de 1891 y se componían de 28 artículos distribuidos en 3 capítulos, inspirándose así en los de 1857.
Su principal función y fiesta religiosa, recogida en el artículo 22º, sería el último domingo del mes de abril; es decir, coincidiendo con la solemne función de la cofradía ya existente de 1857 , lo que confirmaría que esta nueva Cofradía de 1891 vino a sustituirla o revitalizarla, posiblemente ante la evidencia, como consta en la redacción de la propia solicitud, del languidecer de la devoción a la Virgen.
A finales del siglo XIX, había en Alcaudete dos cofradías de la Virgen de la Fuensanta: la más antigua constituida a finales de la década de los cincuenta y la nueva, formada por los labradores de la población, aprobada en 1891.
Andadura de ambas Cofradías
En este contexto, los cultos a la Virgen se reactivaron. Cada año, se le dedicaban a la Virgen dos solemnes funciones de alabanza y acción de gracias en su ermita: La principal, el último domingo de abril, antes del inicio del ciclo de la Flores, donde quizás los labradores aprovechaban también para pedirle protección para sus cultivos de primavera. La segunda, el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María a los cielos, la celebración más importante del ciclo mariano en la Iglesia cristiana. Todas estas solemnes funciones incluyeron o finalizaban con concurridas procesiones, con participación de cientos de fieles.
Finalmente, a lo largo de todo el mes de mayo, “mes de María”, se le dedicaba el citado Culto de las Flores, donde se le rezaba a diario el Santo Rosario y culminaba con una suntuosa y lucida novena.
El extraordinario impulso que adquirieron estas fiestas de la Virgen, con cada vez más concurrida asistencia de fieles, debió comportar la necesidad de trasladarlas a la iglesia parroquial de Santa María, de mayor amplitud y capacidad, para poder celebrarlas más cómodamente y con mayor boato.

En abril de 1886, la todavía Asociación de labradores, se dirigió al señor obispo de Jaén pidiéndole autorización para llevar a la Virgen a la citada parroquia con motivo de la función del Domingo de Resurrección, obteniendo el correspondiente permiso.
Además, por esos años, también debían celebrarse ya en la parroquia los Cultos de las Flores, como quedó de manifiesto en el escrito que, en 1889, remitió don Silvestre Ramírez León, párroco de Santa María, al señor obispo.
Desde finales del siglo XIX, sabemos que las grandes solemnidades de la Virgen se celebraban en la parroquia de Santa María, donde la imagen era llevada en procesión, colocándosela en un fastuoso altar presidiendo el presbiterio del templo.

En 1884, durante un traslado de la Virgen a la parroquia de Santa María con motivo de unas rogativas de agua, se le rompió la corona. Inmediatamente, se nombró una comisión formada por miembros de su cofradía y de la referida Asociación piadosa, presidida por los señores párrocos, para recaudar fondos para componerla y, al mismo tiempo, para la adquisición de una nueva. Pasados unos años, ya reunido el dinero, se pudo encargar ambos trabajos a un taller de platería cordobés.
A primeros de junio de 1891 llegaron ambas coronas a Alcaudete. De acuerdo ambas corporaciones, se dispuso ir el día 13 de dicho mes a la ermita para la bendición y colocación a la Virgen de la corona nueva. Originándose una disputa al terminar la función, pues ambas entidades querían ser depositarias de la alhaja. Ante la falta de acuerdo, don Juan de Alcalá, párroco de Santa María, se vio obligado a recoger la corona y guardarla en su casa. Como última instancia, tuvo que intervenir el señor obispo de Jaén para resolver la trifulca.


Corona realizada en taller de platería cordobesa desaparecida en la guerra civil, basándose de esta para la Corona de la Coronación Canónica Pontificia. Año 1891
Cementerio para los cofrades
Los estatutos de 1926 recogen que el 16 de mayo de 1900 la cofradía de Nuestra Señora de la Fuensanta adquirió un cementerio católico para enterramientos de sus cofrades y familiares. Adosado al general de la población (construido en 1807 extramuros de la villa, junto a la ermita de Santa Catalina), sabemos que tuvo acceso por su interior, gracias a una autorización concedida por el Excmo. Ayuntamiento, y que sólo disponía de sepulturas en tierra, dispuestas según orden de fallecimiento, sin que las familias de los finados pudieran elegir el lugar de entierro.
Cofradía de 1927 «Fusión de ambas Cofradías»
A comienzos del siglo XX, concretamente en el año 1923, se editó un reglamento de la hermandad, que sirvió de base a unos nuevos Estatutos redactados en agosto de 1926 y aprobados por el obispado jiennense el 6 de septiembre de dicho año.

Finalmente, en 1927, ambas entidades se fusionaron en una sola cofradía, aglutinando a todos los fieles de la población que le rendían reverencia como patrona. Su sede canónica quedó establecida en la iglesia mayor de Santa María.
Basados en los de 1891, al igual que éstos, constaban de tres capítulos, aunque con sólo 22 artículos, es decir, 8 menos que en la versión decimonónica.

Sus novedades más notables serían:
El cambio en la fecha de la Junta General, además de actualizarse la cuota ordinaria de los hermanos, que subió a la cantidad de 5 pesetas anuales.
También recogían las obligaciones del Hermano Mayor en el año de su nombramiento: sufragar los gastos de una fiesta solemne en la iglesia de Santa María, los del clero para las dos procesiones anuales, el adorno de cera del altar y retablo de dicha iglesia y costear el alumbrado eléctrico la noche del sábado al domingo último de abril.
Igualmente, se establecían de forma precisa los itinerarios de las procesiones de subida y bajada de la Virgen a la ciudad: el de ida, desde la ermita por los Zagales, calle Abril y León, Juan Montilla, Alcalá Zamora, Plaza, Maestra y parroquia; y de regreso a su ermita: parroquia, Maestra, Plaza, Ruiz Giménez, Puerta del Sol, Alta, Peñuela y ermita. Contemplándose que la imagen hiciese noche en la ermita del Santo Cristo de la Veracruz en caso de haber fuegos artificiales.

Finalmente, se enumeraban las insignias de la cofradía y se añadieron dos capítulos, para dos cuestiones rigurosamente novedosas: el primero, dedicado al cementerio de la cofradía y, el segundo, a los “hermanos horquilleros”.
La cofradía adquirió, por escritura pública de 16 de mayo de 1900, un cementerio propio para enterramiento de sus hermanos. Anexo al cementerio municipal y con entrada por su interior, en él tendrían derecho a tener sepultura todos los cofrades, junto a los miembros de sus familias, siempre que estuvieran al día en el pago de sus cuotas anuales. El recinto sólo contaba, de momento, con fosas de suelo, que se irían ocupando por orden de fallecimiento, sin poder elegir los hermanos el lugar concreto. Se contemplaba también que la Cofradía contribuiría a los gastos del entierro con la cantidad de 4 pesetas.
Respecto al otro capítulo, la cofradía contaría con un abanderado y 10 hermanos horquilleros, éstos últimos elegidos por riguroso orden de antigüedad, llevando más de 3 años inscritos, cuya misión sería trasladar a la Virgen en sus andas procesionales, debiendo pagar por el usufructo de la horquilla, en el momento de recibirla, la cantidad de 7 pesetas con 50 céntimos.
Estos Estatutos, tras la finalización de la Guerra Civil, fueron nuevamente revisados, siendo la nueva versión aprobada por el obispado jiennense el 11 de febrero de 1959. Posteriormente, el 14 de marzo de 1995 fueron por última vez verificados.
Estatutos de 1995 – Actualidad
En la actualidad, la Cofradía de Nuestra Señora de la Fuensanta tiene como sus principales propósitos:
…formar humana y cristianamente a sus cofrades por medio de ejercicios de piedad; tratar de que la espiritualidad, como estilo de vida, presida todas sus actividades… y manifestar públicamente su fe, de acuerdo con las normas de la iglesia diocesana.
Sus cofrades se dividen en dos grupos: aspirantes y hermanos, éstos últimos mayores de dieciocho años y miembros de pleno derecho a partir de ser admitidos públicamente y ser inscritos en el Libro de registro de cofrades.
Todos los hermanos adquieren el compromiso de vivir cristianamente en su vida privada y pública, aceptando expresamente las leyes y normas de la Iglesia, así como las exigencias de asistencia y participación en los actos generales de la cofradía, colaborando con la misma, cumpliendo los acuerdos y desempeñando en ella los cargos de responsabilidad que se les puedan confiar.
Con arreglo a las funciones que desempeñan, los hermanos se agrupan en cinco categorías:
- Junta de Gobierno.
- Caballeros horquilleros.
- Señoritas camareras.
- Abanderados.
- Cofrades.

La Junta de Gobierno se compone del Presidente y vicepresidente; un tesorero y vicetesorero; un secretario y vicesecretario y vocales; elegidos cada tres años entre el conjunto de todos los cofrades que conforman la Asamblea General. Tiene como misión regir la cofradía y administrar sus fondos económicos, tanto los caudales procedentes de las cuotas de los hermanos como los obtenidos por donativos extraordinarios. Además, junto al director espiritual, que establecen las pautas de vida a seguir de sus cofrades.
Los caballeros horquilleros se encargan de portar las andas de la Virgen en sus salidas procesionales, ordinarias o extraordinarias, y en el caso de las señoritas camareras, acompañar a Virgen en sus salidas procesionales y colaborando en obras de caridad de la Cofradía.
En la actualidad, los cultos giran en torno a las celebraciones eucarísticas de todos los sábados del año en el santuario, la novena en honor de la Virgen durante los días 6 al 14 de agosto, la misa de Alba del 15 de dicho mes y la celebración de las Flores durante el mes de mayo, para lo cual, la Virgen es trasladada a la parroquia de Santa María la Mayor en el centro del municipio.
Las procesiones de la Santísima Virgen, el último sábado con «La Bajada», al día siguiente, domingo; la «Procesión Oficial» y la de regreso, el primer sábado de junio «La Subida», suelen resultar multitudinarias, y a ellas, acuden y participan alcaudetenses de todos los lugares del orbe devocional mariano.
